
Un día como hoy pero de hace muchos años llegué a este mundo; creo que fue de madrugada; ¿la hora? No la recuerdo bien; fui el primer hijo de un matrimonio joven que soñaba con tener una familia; él de 24 años, ella de 22; llegué a darles la bienvenida como padres; vaya que es un gran compromiso ser padre; ahora lo entiendo perfectamente. De mi nacimiento hasta los 5 años fue como si no los hubiese vivido; no recuerdo casi nada, excepto una vez que jugando a la orilla de una pila de aproximadamente 3 mts. de profundidad, donde mi madre juntaba agua para cuando se escaseara, de pronto me precipite a lo más profundo, me iba sumergiendo sin temor, creo que ni siquiera sabia lo que pasaba; ya casi alcanzando el fondo observe a mi soldadito de plomo caído en la última batalla hasta el fondo del océano; me estire todo lo que pude para alcanzarlo; acto seguido y sin avisar una mano me tomo por el cabello y me jaló hacia la superficie; como le reproché a mi madre el no haberme permitido rescatar a mi soldado, pero el objetivo de ella era rescatarme a mi. De niño mi vida transcurrió un tanto influenciada por los demás; recuerdo que no era capaz ni siquiera de decir una mentira por el temor a ser criticado o juzgado por los demás; mi madre decía, pobrecito Rubencito, con lagrimas en los ojos pero siempre me dice la verdad; debo reconocer que me generaba una gran satisfacción decir la verdad; me sentía libre, como más ligero, me daba seguridad ser así. En la primaria siendo el más pequeño de mi generación todos me veían como la mascota del grupo o el bebé de la clase; eso siempre me molesto demasiado, pero nunca lo manifesté; recuerdo que al graduarme de sexto año, con 11 años encima no hallaba que hacer para que me saliera el bigote; cuando cumplí 17 decía que eran 18 pero mi cara de niño siempre me delataba; que ironía!!! De niño, quise ser adulto y no estaba preparado; ahora quisiera ser niño pero con la preparación que tengo hoy; para lograr ser el adulto que debí ser.